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MI
FE EN LA JUSTICIA Nadie debería juzgar a un semejante. A un igual se le pueden hacer muchas cosas; amarle, odiarle y meterlo en la lavadora (cuidando de que no encoja, pues se resentiría su utilidad práctica), pero jamás debemos juzgarle. Dejemos tan ardua tarea para Salomón, el brillante jurista judío que quiso lanzarle el tajo al célebre niño con las consecuencias ya conocidas y explicadas hasta el aburrimiento en la historia sagrada de los hebreos.
Cuando llegaron ante Salomón, las dos israelitas rencorosas imploraban justicia como valor abstracto, alegando el amor de madre y todo eso, como si fueran legionarias, pero en realidad pretendían quedarse con el niño para sacarle ciertas utilidades como manteca (o el jornal cuando fuera mayor, que entónces no había paro).
Conviene aclarar que entonces no existían los dodotis ni los ocho cereales con miel de Nestle que hoy aruínan la economía de los padres principiantes sumiéndoles en la desolación y en los préstamos, y que el coste de la manutención era más llevadero para el pobre judío, peón de kibutz, que resultó ser el padre del bebe, según demostró luego la prueba del ADN, aunque él muriera sin saberlo. De haber existido los dodotis y las papillas, digo, otro gallo hubiera cantado, seguramente el de la ruina del pobre diablo judío, desgraciado padre apócrifo de la criatura hambrienta.
Sea como
fuere el asunto del papeo, lo cierto es que el niño con gran entereza
permanecía impasible en el salon regio, ajeno a lo que se le venía
encima, ignorando que un rey tenido por sabio podía mandarlo al otro
barrio llevado por un súbito acceso de fe en la justicia, de modo
que no dijo nada cuando el monarca se puso a afilar la cimitarra, y sólo
se intranquilizó ante el llanto de su madre verdadera, aunque realmente
no estaba seguro de quien era su madre verdadera.
Pero fue en ese momento cuando apareció, para salvar la historia y eventualmente al niño, David el pastor, antaño también Rey, poniéndose a reprender a su atolondrado hijo, el citado Salomón: - "Salo, tal vez a ti no te de vergüenza cortar un niño en dos como si fuera un tomate para una ensalada etrusca, pero lo que es a mi me disgusta profundamente. Realmente no se si eres mi hijo o un monstruo que engendré excitado y en pecado mientras observaba una cabra triscando césped culo en pompa y tu madre, agachada, trataba de encender el hogar sin poner mucho interés en el asunto, concentrada en que no se apagara la lumbre. Lo cierto es que no te reconozco como hijo mío y si te dejé el reino fue por seguir la tradición. La idea de soportar las habladurías de los filisteos y los aronitas sobre la tradición y los padres desnaturalizados, me hizo entgregarte la hacienda, pero aún hoy pienso si podría rehacer el testamento..." - "Papi, tampoco a mi me hace feliz la idea de descuartizar un recien nacido. En realidad creo que el asunto es desagradable y de escaso entretenimiento. Prefiero los sacrificios clásicos; una cabra degollada, una doncella virgen violada por el macho cabrío, etc., ya sabes. Pero el caso es que no se me ocurre otra manera de solucionar el problema, no puedes imaginarte lo pesadas que pueden ponerse dos madres reivindicando un mismo bebé".
El lector puede imaginarse el resto de la escena. Por mi parte, parece oportuno omitir ciertas descripciones o hipótesis relacionadas con la charcutería si Salo hubiera procedido según su primera intuición. Lo cierto es que una de las madres se arrojó a sus pies suplicando llorosa que no partiera al niño, súplica atendida por el Rey, como todos sabemos. Por cierto
que, hablando de charcutería, me vienen a la cabeza los recuerdos
del querido tío Andy, que fue una celebridad en la familia y líder
en el negocio de la carne picada, si te interesa te recomiendo que pegues
un brinco a Un
concluyente ensayo sobre la carne picada El
origen del salchichón. ... Luego puedes aprovechar el e-mail para decirme qué opinas sobre las subvenciones de la Unión Europea a la indsutria del salchichón. ¡Francamente un abuso!. |
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